Una tabla de embutidos y quesos es la solución perfecta cuando llega gente a casa: se prepara sin cocinar, gusta a todo el mundo y queda vistosa. Pero entre poner cuatro lonchas de cualquier manera y montar una tabla que enamore hay un mundo de pequeños detalles.
Variedad y equilibrio
La clave es la variedad. En quesos, conviene jugar con distintos tipos: uno suave, uno curado, uno azul, uno cremoso. En embutidos, mezclar sabores e intensidades: un buen jamón, un chorizo, un salchichón, quizá una cecina. Esa diversidad es lo que hace interesante la tabla.
Los acompañamientos
- Algo dulce: membrillo, mermelada, uvas, higos o orejones.
- Frutos secos: nueces y almendras aportan textura.
- Pan y picos: imprescindibles, mejor variados.
- Un encurtido: aceitunas o pepinillos para cortar la grasa.
La temperatura importa
Un error común es sacar el queso directamente de la nevera. El queso frío sabe a poco; conviene sacarlo al menos media hora antes para que se atempere y libere todo su aroma. El jamón, lo mismo: a temperatura ambiente está mucho más rico.
El montaje, con gracia
A la hora de colocar, mejor repartir por grupos y dejar los quesos enteros para cortar al momento o ya en porciones generosas. Un poco de color con la fruta y los frutos secos, y la tabla entra por los ojos antes que por la boca. Sencillez bien presentada.