Entre el marisco y el asado, la sopa de almendras pasa desapercibida, pero en muchas casas del centro de España es el arranque obligado de la cena de Nochebuena. Es humilde, reconfortante y tiene siglos de historia a sus espaldas.
Una receta de origen conventual
Nació en las cocinas de los conventos, donde había que comer bien con pocos medios. De ahí su sencillez: almendras molidas, pan, ajo, caldo y poco más. Esa modestia es justo lo que la hace tan agradecida; no necesita ingredientes caros para resultar redonda.
Cómo se prepara
- Fríe unas rebanadas de pan y unos ajos en aceite, y resérvalos.
- Maja o tritura el pan y los ajos con las almendras molidas.
- Diluye esa pasta en caldo caliente y deja cocer a fuego suave.
- Sazona con sal, una pizca de pimienta y, si gusta, algo de azafrán.
El punto final
La sopa debe quedar ligada pero no espesa, con el sabor de la almendra bien presente. Hay quien añade un huevo batido al final, como en una sopa de ajo, para darle cuerpo. Servida bien caliente, con unos picatostes por encima, es el comienzo perfecto para una cena larga de invierno. Una receta sencilla que merece volver a la mesa de Nochebuena.