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Sardinas a la plancha sin que la casa huela una semana

Sardinas a la plancha sin que la casa huela una semana

La sardina es uno de los grandes placeres del verano: barata, sabrosa y en su mejor momento cuando aprieta el calor. El único pero que muchos le ponen es el olor, que se queda en la cocina durante días. Hay maneras de disfrutarlas en casa sin pagar ese precio.

El producto y el momento

Las sardinas están en su punto en los meses de calor, cuando tienen más grasa y sabor. De ahí el dicho de que por San Juan la sardina moja el pan. Conviene comprarlas muy frescas (ojo brillante, cuerpo firme) y cocinarlas el mismo día.

Trucos contra el olor

  • Cocina con la ventana abierta y, si tienes, el extractor a tope.
  • Una plancha bien caliente las hace rápido, generando menos humo.
  • Un recipiente con vinagre cerca ayuda a absorber el olor.
  • Limpia la plancha y la cocina enseguida, sin dejar que el olor se asiente.

El punto a la plancha

Las sardinas piden plancha fuerte y poco tiempo: vuelta y vuelta, con un poco de sal gorda. Si se hacen de más, se resecan y pierden esa jugosidad que las hace tan buenas. La piel debe quedar dorada y crujiente, y la carne, jugosa.

Con poco, de lujo

Una sardina recién hecha apenas necesita acompañamiento: un buen pan, quizá unos pimientos asados o una ensalada de tomate, y poco más. Es la cocina de verano en su versión más sencilla y honesta, la que sabe a playa y a mesa al aire libre.