La romesco es una de esas salsas que, una vez la pruebas, quieres tener siempre a mano. De origen catalán y ligada a la temporada de los calçots, acompaña verduras a la brasa, pescados, carnes y hasta unas simples patatas. Es sabrosa, versátil y se conserva varios días.
Los ingredientes que la definen
La base de una buena romesco son los frutos secos (almendras y avellanas tostadas), el pan frito, el ajo, el aceite de oliva y, sobre todo, el ñora o pimiento choricero, que aporta ese sabor profundo y ese color rojizo característico. El tomate asado redondea el conjunto.
- Tuesta los frutos secos para que aporten todo su aroma.
- Hidrata las ñoras y aprovecha solo su carne.
- Tritura todo con un buen aceite hasta una textura algo rústica.
El punto de la textura
La romesco no debe quedar tan fina como una crema ni tan espesa como un paté. Lo suyo es una textura con cierto cuerpo, donde se note el fruto seco. Se ajusta con el aceite y con un poco de vinagre, que le da el punto ácido que la levanta.
Con qué disfrutarla
Su pareja natural son los calçots a la brasa, pero fuera de temporada brilla igual con unas verduras asadas, un pescado a la plancha, unos espárragos o unas patatas al horno. Tener un bote de romesco en la nevera es asegurarse de que cualquier plato sencillo suba un escalón.