El puerro casi nunca es el protagonista, pero está detrás de muchísimos platos buenos. Es la base de cremas, caldos y sofritos, y aporta un dulzor suave que la cebolla, más intensa, no siempre da. Conviene conocerlo mejor y dejar de tratarlo como un simple relleno.
Cómo limpiarlo bien
Entre las capas del puerro se esconde tierra, y nada estropea más un plato que un bocado con arenilla. El truco es cortarlo a lo largo por la mitad sin llegar del todo a la base, abrir las capas bajo el grifo y dejar correr el agua entre ellas. La parte blanca y la verde clara son las que se aprovechan; el verde más oscuro es ideal para el caldo.
Maneras de cocinarlo
- Pochado: a fuego lento con aceite, base dulce para cremas y quiches.
- A la plancha: partido y dorado, queda meloso por dentro.
- En caldo: da cuerpo y un fondo suave a sopas y guisos.
Dos ideas para lucirlo
Una crema de puerro y patata, la clásica vichyssoise, demuestra que con poco se hace mucho: puerro, patata, caldo y un toque de nata. Y para una guarnición distinta, prueba los puerros enteros asados al horno hasta que estén tiernos y dorados, con un chorrito de aceite y vinagre por encima. De ingrediente secundario a estrella del plato con muy poco esfuerzo.