El potaje de garbanzos con espinacas es de esos platos que parecen de otra época y siguen ganando por goleada. Es barato, llena, sienta bien y se hace casi solo. Tradicional de Cuaresma, pero bueno cualquier día frío del año.
Los garbanzos, en su punto
Si usas garbanzos secos, el remojo de la víspera no es opcional: al menos ocho horas en agua con un poco de sal. Eso garantiza que queden tiernos y enteros. Si vas con prisa, un buen bote de garbanzos cocidos resuelve el plato en media hora sin que nadie se queje.
El montaje
- Haz un sofrito de cebolla, ajo y un poco de pimentón.
- Añade los garbanzos, cubre con caldo y deja que cojan sabor.
- Incorpora las espinacas, que se cocinan en un momento.
- Para espesar, maja un poco de pan frito con ajo y añádelo al guiso.
Las versiones de siempre
El potaje admite compañía: un huevo duro picado por encima, unas tiras de bacalao desalado o incluso unas gambas si se quiere subir el plato. Pero incluso en su versión más sencilla, solo con garbanzos, espinacas y un buen sofrito, es un plato completo y reconfortante. Cuchara de invierno en estado puro.