Hacer pan en casa intimida, sobre todo por el amasado. Pero existe un método que se ha hecho muy popular precisamente porque se salta esa parte: el pan sin amasar. Con tiempo y un poco de paciencia, sale una hogaza con buena corteza y miga alveolada que parece de obrador.
El tiempo hace el trabajo
La idea es sencilla: en lugar de amasar para desarrollar el gluten, se deja que lo haga el reposo. Una masa muy húmeda, con poca levadura, fermenta lentamente durante muchas horas. Ese fermentado largo desarrolla el sabor y la estructura sin esfuerzo por tu parte.
- Mezcla harina, agua, sal y una pizca de levadura, sin amasar.
- Deja reposar la masa tapada entre doce y dieciocho horas.
- Pliega suavemente, forma una bola y deja un segundo reposo.
La cocotte, el truco del vapor
El gran secreto para una buena corteza casera es hornear el pan dentro de una olla de hierro con tapa. El vapor que suelta la propia masa queda atrapado y permite que el pan crezca y desarrolle una corteza crujiente, como la de un horno profesional. Se hornea con tapa al principio y sin ella al final para dorar.
La paciencia se premia
El pan sin amasar pide planificación más que destreza: hay que pensarlo el día antes. Pero el resultado, una hogaza caliente recién salida del horno con la casa oliendo a pan, compensa con creces las pocas horas de espera.