El invierno es la mejor época de la naranja, dulce, jugosa y a buen precio. Más allá del zumo de la mañana, esta fruta da mucho juego en la cocina, tanto en dulce como en salado. Aprovechar la temporada es fácil y agradecido.
El zumo, recién hecho
Un zumo de naranja pierde propiedades y sabor en cuanto se exprime, así que lo suyo es tomarlo al momento. Y no hace falta colarlo del todo: la pulpa aporta fibra. Si sobran naranjas algo pochas, el zumo es su mejor destino antes de que se estropeen.
En ensalada, una sorpresa
La naranja en salado funciona mucho mejor de lo que parece. Unos gajos pelados a lo vivo, con cebolleta, aceitunas negras, un buen aceite y bacalao o atún, dan una ensalada fresca y distinta en pleno invierno. El punto ácido y dulce de la fruta corta a la perfección lo salado.
- Pela la naranja a lo vivo, sin nada de la parte blanca, que amarga.
- Combínala con cebolla dulce, aceitunas y un pescado en conserva.
- Termina con un chorro de buen aceite de oliva virgen extra.
Mermelada para todo el año
Si tienes naranjas de sobra, una mermelada casera es la mejor manera de guardarlas. Naranja, azúcar y paciencia a fuego lento, con parte de la piel para el punto amargo. Untada en una tostada, recuerda el invierno cuando ya haga calor.