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Guisantes frescos: el lujo breve de la primavera

Guisantes frescos: el lujo breve de la primavera

El guisante fresco, recién desgranado, no tiene nada que ver con el de bote o el congelado. Es dulce, tierno y delicado, casi se puede comer crudo. El problema es que su temporada dura un suspiro, así que cuando aparecen en el mercado hay que aprovecharlos.

Frescos, congelados o de bote

El guisante congelado es un gran producto, porque se procesa muy pronto y conserva bien sus cualidades. El de bote es práctico pero más blando. Y el fresco es el rey de la temporada, aunque dé el trabajo de desgranarlo y rinda menos de lo que parece: de un buen montón de vainas sale un cuenco modesto.

Cocinarlos con respeto

  • Cuécelos muy poco, solo unos minutos, para no perder su dulzor.
  • Salteados con un poco de jamón o cebolleta son un plato redondo.
  • Los guisantes con jamón a la sartén son el clásico que nunca falla.

Ideas más allá del salteado

Un guisante fresco luce en una menestra de primavera, en un arroz, en una crema verde suave o simplemente salteado con cebolleta y un huevo poché encima. También se llevan bien con la menta, que realza su frescura. Cuanto menos se hagan, mejor.

Cuestión de calendario

Los guisantes frescos son un recordatorio de que la cocina de temporada tiene su poesía: productos que solo están en su mejor momento unas pocas semanas al año. Cuando los veas frescos en el mercado, no lo pienses mucho.