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Crema de calabaza asada con un toque de jengibre

Crema de calabaza asada con un toque de jengibre

La calabaza es de esas verduras que en otoño se amontonan en el mercado a buen precio y dan mucho juego. La crema es la receta de cabecera, pero hay un paso que marca la diferencia: asarla antes en lugar de cocerla.

Por qué asar y no cocer

Al hervir la calabaza en agua, parte de su sabor se queda en el caldo y la crema sale aguada. En el horno ocurre lo contrario: el calor seco concentra los azúcares y la verdura se carameliza por los bordes. Esa pizca de tueste es la que luego da profundidad a la crema.

Corta la calabaza en gajos, déjala con piel, riega con aceite y una pizca de sal, y hornea a 200 ºC unos 35 minutos, hasta que la pulpa esté tierna y dorada. Aprovecha la bandeja para asar también media cebolla y un par de dientes de ajo.

El toque de jengibre

Una vez asada, retira la piel con una cuchara, pasa la pulpa a la cazuela con la cebolla y el ajo, cubre con caldo de verduras y tritura. Aquí entra un trozo pequeño de jengibre fresco rallado: aporta un punto cálido y ligeramente picante que despierta el dulzor de la calabaza sin taparlo.

  • Si la quieres más sedosa, añade un chorrito de leche evaporada o nata.
  • Rectifica de sal al final y termina con pimienta recién molida.
  • Para rematar: unas pipas tostadas o un hilo de aceite de oliva virgen.

Que no falte el contraste

Una crema sin nada por encima cansa a la tercera cucharada. Un puñado de picatostes caseros, unas semillas o incluso unos taquitos de jamón crujiente cambian por completo el plato. Es el tipo de receta que admite lo que tengas a mano y que sienta de cine en una noche fría.