Huelen a otoño antes incluso de probarlas. Las castañas asadas del puesto de la esquina son una estampa de noviembre, pero en casa se pueden hacer igual de bien y, además, dan mucho más juego del que parece en platos dulces y salados.
El corte que evita sustos
Antes de asar nada, hay que hacer un corte. Una incisión profunda en la parte abombada de cada castaña, atravesando la piel. Si se salta este paso, el vapor de dentro no tiene salida y la castaña revienta en el horno con un estruendo. Con el corte hecho, además, luego se pelan mucho mejor.
Al horno o a la sartén
- Horno: 200 ºC unos 20-25 minutos, hasta que la piel se abra.
- Sartén: una sartén con agujeros o de hierro, removiendo a fuego medio.
- Recién asadas, envuélvelas en un paño unos minutos: el vapor ablanda la piel.
Más allá del puñado caliente
La castaña cocida y pelada es un ingrediente estupendo en la cocina de invierno. Triturada da cuerpo a una crema de calabaza o a un puré; en trozos, enriquece un guiso de carne o un relleno de aves. Y en dulce, el clásico es la crema de castañas o el marron glacé, aunque eso ya son palabras mayores. Para empezar, basta con un buen puñado recién asado, las manos algo tiznadas y la cocina caliente.