Pasadas las comilonas de Navidad, el cuerpo pide algo ligero y reconfortante. Un buen caldo de huesos, caliente y honesto, es justo eso: poca cosa en la cuchara, mucho alivio en el estómago. Y casi no da trabajo más allá de la espera.
Qué hace bueno a un caldo
La diferencia entre un caldo soso y uno con cuerpo está en los huesos. Un hueso de caña, una carcasa de pollo o unos huesos de jamón sueltan colágeno con la cocción larga, y eso es lo que da esa textura ligeramente gelatinosa cuando enfría. La verdura aporta dulzor y matices.
- Cubre los huesos y la verdura con agua fría y lleva a hervor suave.
- Retira la espuma del principio para que quede limpio.
- Cuece a fuego muy bajo varias horas; cuanto más, más sabor.
Tomarlo o usarlo
Un caldo de huesos se disfruta tal cual, en taza, con un poco de sal y quizá unos fideos finos. Pero también es la base perfecta para arroces, sopas y guisos de las semanas siguientes. Es la receta antiexcesos por excelencia: barata, sencilla y profundamente reconfortante.
Guardar para más adelante
Colado y enfriado, aguanta varios días en la nevera y meses en el congelador. Congelarlo en raciones pequeñas permite tener siempre a mano una base de calidad. Después de las fiestas, una taza de caldo caliente sienta mejor que cualquier propósito de año nuevo.