Un buen caldo es el comodín de la cocina. Con él en la nevera o el congelador, una cena se resuelve en diez minutos: una sopa, un arroz, unas verduras rehogadas. Y el caldo de cocido, el de toda la vida, es de los más sabrosos y fáciles de tener siempre a mano.
Qué echar a la olla
La gracia está en combinar carnes, huesos y verduras. Un trozo de gallina o pollo aporta sabor; un hueso de jamón o de caña da gelatina y cuerpo; y la verdura redondea. Lo habitual es poner garbanzos, zanahoria, puerro, un trozo de nabo y una rama de apio. Nada de prisas: el caldo se hace a fuego muy suave.
- Arranca en agua fría para que las carnes suelten su sabor poco a poco.
- Retira la espuma de los primeros minutos para un caldo limpio.
- Que apenas tiemble: el hervor fuerte enturbia y reseca las carnes.
Aprovechar todo
Un cocido bien hecho da para varias comidas. El caldo, colado, sirve de base para sopas y arroces. Los garbanzos y las verduras, para un segundo. Y las carnes, desmenuzadas, son el relleno perfecto para unas croquetas o unos canelones. Es la cocina de aprovechamiento en estado puro: una olla, varias comidas.
Guardar para el día menos pensado
El caldo se conserva tres o cuatro días en la nevera y meses en el congelador. Un truco práctico: congélalo en cubiteras o en raciones pequeñas, así sacas justo lo que necesitas sin descongelar un bloque entero. Tener caldo casero es tener media cena resuelta.