El boniato lleva años ganando terreno en las cocinas, y con razón. Es dulce, saciante y combina con casi todo, desde una carne asada hasta un bol de verduras. Al horno, además, apenas da trabajo: se mete la bandeja y el horno hace el resto.
Entero o en gajos
Hay dos maneras de asarlo, según la prisa y el resultado que se busque. Entero y con piel, pinchado con un tenedor, queda cremoso por dentro como una patata asada, aunque tarda casi una hora. En gajos o tacos, con un poco de aceite, se hace en media hora y queda con los bordes caramelizados, que es donde está lo bueno.
- Lava bien la piel: en muchos casos se puede comer y es donde hay más fibra.
- No amontones los gajos en la bandeja o se cocerán en vez de dorarse.
- Dale la vuelta a media cocción para que se tuesten por igual.
El juego de las especias
El boniato es dulce de por sí, así que admite muy bien el contraste salado y picante. Pimentón, comino, un poco de ajo en polvo o incluso una pizca de canela si se quiere tirar hacia lo dulce. Un chorrito de aceite, sal y la especia elegida, y a la bandeja.
Cómo servirlo
Como guarnición acompaña casi cualquier asado, pero también se defiende solo: con un poco de yogur o una salsa de tahini por encima se convierte en un plato ligero de noche. Y las sobras, frías, van de maravilla en una ensalada al día siguiente.