El cordero asado es el plato fuerte de muchas comidas de Navidad. Parece intimidante, pero en realidad pide pocos ingredientes y, sobre todo, tiempo y temperatura. Bien hecho, la carne se separa del hueso con solo apoyar el tenedor.
La pieza y el horno
Una paletilla o una pierna de cordero lechal es lo ideal. No hace falta más que sal, un poco de manteca o aceite, agua en la bandeja y, si acaso, unos ajos y una hoja de laurel. La carne buena no necesita disfraces. El secreto está en un horno no demasiado fuerte y en no tener prisa.
- Empieza con el lado de la piel hacia abajo para que se haga la carne.
- Riega de vez en cuando con su propio jugo y el agua de la bandeja.
- Dale la vuelta en la última parte para que la piel quede crujiente.
El punto justo
Un cordero lechal pequeño puede necesitar alrededor de dos horas a unos 160-170 ºC, subiendo el calor al final para dorar. Sabrás que está cuando la carne ceda con facilidad y la piel haya quedado dorada y crujiente. Si se reseca, casi siempre es por exceso de temperatura, no de tiempo.
El acompañamiento
Una ensalada verde sencilla, con cebolleta y un buen aceite, corta la untuosidad de la carne. Y unas patatas panadera hechas en la misma bandeja, empapadas del jugo del asado, redondean un plato de fiesta que no falla.